FISIOGNOMÍA DE LAS PASIONES

FISIOGNOMÍA DE LAS PASIONES

Editorial:
CASIMIRO
Año de edición:
Materia
Teoría
ISBN:
978-84-15715-73-3
Páginas:
96
Encuadernación:
Rústica
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Partiendo del presupuesto de que cada especie animal tiene unos rasgos físicos y un carácter concreto, se llega a la conclusión de que aquellos hombres que tengan un parecido razonable con un animal, deben compartir también con éstos su temperamento. Así, el hombre que tuviese los rasgos de un león, como una espesa cabellera, una frente ancha, una boca grande, los ojos castaños claro, el cuello largo y el pecho fuerte, tendría un carácter magnánimo y noble. Junto a estas teorías, surgieron otras cuyo objeto de estudio era la expresión de las emociones y las pasiones sentidas en el alma a través de su semblante. En esta ocasión, los autores indagaron acerca de las turbaciones sentidas en el alma de los hombres, sus causas y, sobre todo, su exteriorización a través del rostro y del gesto. La diferencia fundamental entre ambas radica en que la fisiognomía estudia el carácter y, por lo tanto, es algo constante e inmutable, mientras que la emoción es un sentimiento breve, temporal y pasajero que tan solo muda el rostro de forma fugaz y momentánea. Con independencia de su credibilidad efectiva, estos tratados perseguían alcanzar un rigor científico y un método racional y consiguieron estereotipar unos modelos que alcanzaron en seguida el valor de símbolos para los artistas. Así, se establecieron las figuras de los hombres virtuosos, como el caritativo, el bondadoso, el ingenuo, o los tipos de hombres malvados o viciosos, como el envidioso, el lujurioso, el ruin, el pretencioso, entre otros. A partir del siglo XVI, estos tratados comenzaron a ilustrarse con grabados que facilitaban enormemente la comprensión de sus postulados. Un ejemplo temprano es el tratado De Humana physiognomia de Giambattista della Porta, quién desde un silogismo estableció su obra publicada en 1583.