LISE SARFATI

LISE SARFATI

Editorial:
DA2 DOMUS ARTIUM
Año de edición:
Materia
Fotografía
ISBN:
978-84-933391-0-4
Páginas:
1003
Encuadernación:
Rústica
$800.00 MXN
IVA incluido
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La fotógrafa francesa Lise Sarfati ha pasado largo tiempo en Rusia después de la caída del Muro y su trabajo -que bascula entre lo documental y lo plástico- ha reflejado el lado más doloroso de la decadencia de la antigua Unión Soviética a través de estremecedoras imágenes sobre zonas industriales abandonadas y las dramáticas condiciones de vida de la sociedad postcomunista con impactantes –a veces aterradoras- fotografías de habitantes de orfanatos, sanatorios mentales, parados, prostitutas, transexuales, etc, que la hicieron merecedora del Premio Fiacre en 1995 y el Villa de Médicis en 1996.
El viaje fotográfico de Lise Sarfati solo lo es en apariencia: no tiene nada de excursión, ni siquiera de expedición, ya que siempre nace y se desarrolla dentro de la lentitud. En su terreno, es muy familiar, nunca extranjera en un país como Rusia, en Moscú, Norilsk o Krasnoïarsk, en las zonas industriales estalinianas abandonadas, en las colonias para jóvenes delincuentes o en los bajos fondos de la prostitución, en una clínica donde se practican salvajemente las primeras operaciones transexuales o en un circo de enanos en Saratov.Otro en su lugar, más hábil, con más prisa, habría hecho de ello decenas de “reportajes”, habría traído cientos de pruebas-clichés. Lise, por su parte, nunca tiene prisa, es capaz de seguir durante años el destino de adolescentes dostoïevskianos, perdidos entre Europa y Asia. En todas partes –en las habitaciones vacías de un apartamento moscovita, en los pueblos abandonados del norte ruso, donde pasa meses y meses –no hace más que vivir. Habita espacios igual que todos, duerme en camas que le prestan, come lo que come todo el mundo, charla en ruso, la lengua cotidiana, a la vez que es capaz de citar poemas futuristas rusos, pasea por los museos y por las librerías. Al tomarse el “tiempo suficiente”, acumula así unas huellas que solo son “pruebas” para ella misma: libros, juguetes monstruosos fabricados durante la época soviética, fotos de identidad y biografías, escritas a máquina, de jóvenes delincuentes encerrados en cárceles piranesianas, diarios íntimos. También saca fotos de todo ello, cientos y cientos, pero que no enseña nunca, a pesar de su intensidad casi igual e impactante. Por ello, Lise es todo menos una veraneante, una viajera o una periodista. No ofrece información sobre la Rusia anterior ni actual. No colecciona. Al fin y al cabo, en Rusia no es ni más desgraciada ni más feliz que en cualquier otra parte. Si existe una obsesión, es de un tipo muy distinto: se trata de la obsesión por estar allí donde suceden cosas inexpresables.