Quién soy sigue siendo un misterio, incluso para mí misma—un archivo incompleto, lleno de vacíos, reconstrucciones y posibilidades, que se reescribe constantemente. Mi subjetividad es un tejido de lo que recuerdo, lo que he olvidado, lo que se me ha impuesto y lo que elijo ser. La definición de quién soy se mueve libremente y se reconfigura a cada momento; se teje a partir de lo colectivo y existe en constante negociación—entre el pasado y el presente, el yo y el otro, el cuerpo y el territorio. Las categorías con las que me defino no son naturales ni fijas, sino históricas y modificables.”
Cristina utiliza la fotografía como una práctica de escucha y traducción—una reelaboración constante de lenguajes que encarnan tanto ruptura como reparación. Su trabajo se manifiesta como una constelación de fragmentos híbridos, tejidos desde y hacia el cuerpo, entendido como un espacio de inscripción y resistencia.