Jünger creía que había una fuerza común a las plantas, animales y cosas. Un carácter vegetativo, por ejemplo, conformando órganos: dentaduras que son molinos, mandíbulas que son palas de cavar. Una fuerza operativa de varias dimensiones o facetas que enlaza los cuernos de los escarabajos y las cornamentas de los gigantes de las praderas con las ramificaciones de los árboles, y que no se detiene en las formas. Así, la urdimbre de vidas y de fuerzas, cierra la distancia lógica entre las cosas del mundo.