SOMBRAS. REVISTA FOTOGRÁFICA ESPAÑOLA, 1944-1954

SOMBRAS. REVISTA FOTOGRÁFICA ESPAÑOLA, 1944-1954

Editorial:
PENTAGRAF
Materia
Revistas
ISBN:
978-84-938347-2-2
Páginas:
312
Encuadernación:
Rústica
$472.50 MXN
IVA incluido
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A comienzos de los años cuarenta, amateurs y profesionales aceptaban unánimemente el hecho de que, “la fotografía era un arte bello que exigía sensibilidad y capacidad, además de servir ocasionalmente como apología de las Bellas Artes”. Entre 1944 y 1954 va a editarse en Madrid la revista Sombras. Será la primera publicación fotográfica de posguerra y la revista oficial de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, la segunda más antigua de Europa después de The Royal Photographic Society.

Fue una revista con vocación mensual, periodicidad que a partir de 1951 y hasta su término, se vio forzosamente alterada por las restricciones económicas por las que atravesaba el país. No obstante, pese a los muchos inconvenientes, si hubo algo que definió a Sombras fue el firme propósito y la constante voluntad por actualizar la fotografía española al nivel de la extranjera, ya fuera a través de sus contenidos teóricos como por sus imágenes más representativas. Entre la larga lista de autores que publicaron en Sombras figuran algunos de los artistas más destacados del panorama fotográfico español de aquellos años: José Ortiz Echagüe, Alfonso, José Tinoco, Pla Janini, Eduardo Susanna, Antoni Campaña, José Suárez, Emili Godes, Otho St. Clair Lloyd, Kaulak, el Marqués de Larache, el Marqués de Santa María del Villar o Francisco Mora Carbonell. También, tuvieron cabida varios autores extranjeros como: Walter Arnold, Willy Shuman, Rosalind Maingot, Carl Mansfield, Fernando de Ponte o Carlos Octaviolos.

A lo largo de casi una década, Sombras disfrutó de varios directores: el primero y fundador de la revista, Domingo de Luís. Le seguirían: Eduardo Susanna, Federico Velilla, el fotógrafo Ventura y el editor Cristóbal Batalla & Altamirano. Todos compartieron un mismo deseo: elevar el nivel de la fotografía española y, en general, del aficionado. El protagonismo que Sombras concedió a la teoría es tan incuestionable como el dado a la propia imagen. De hecho, la cuidada edición fotográfica en huecograbado reflejaba no sólo su confianza en el valor e independencia de esta, sino también el gusto e interés de la fotografía española de creación de aquellos años. Un amplio repertorio de bodegones, retratos de tipos –mujeres, ancianos, niños–, paisajes rurales, una selección de escenas urbanas de corte social y un breve conjunto de fotografías, llamémoslas de autor, de excepcional interés, meritorio y destacable, en las que observamos composiciones y perspectivas atrevidas e inusuales.

En su intento por difundir el conocimiento y fomentar la práctica fotográfica entre el aficionado, Sombras implicó activamente al sector profesional que, aimismo, posibilitó su permanencia en el mercado editorial. Por otro lado, más de medio centenar de colaboradores pusieron su conocimiento al servicio de los lectores con el propósito de elevar el saber y el nivel fotográfico en España. En rasgos generales el contenido de Sombras se articuló en torno a cuatro categorías:

Técnica fotográfica.
Crítica fotografíca.
Noticias, exposiciones y bolsa fotográfica.
Fotografía artística publicada.


Los intentos de Sombras por ampliar los horizontes de nuestra fotografía no hizo sino evidenciar la realidad severa y desconsolada en la que permanecía. Salvo casos aislados de trabajos muy destacables, realizados tanto por aficionados como por profesionales, la realidad nos desveló que fueron muy pocos los que pudieron adquirir una máquimna d fotos y quienes lo hicieron con seriedad, adolecían de aislamiento y poca formación sobre la idoneidad y uso de los distintos aparatos. La falta de capacidad fotográfica fue una circunstancia de la que no se podía culpar directamente a nadie, salvo a la escasez y elevado precio del material y a una terrible posguerra que fagocitaba cualquier atisbo de modernidad y progreso.

Sombras, aquella revista fundada por un grupo de amigos sin grandes perspectivas de triunfo pero con el empeño por crear “una publicación útil al profesional e indispensable al aficionado del arte de Daguerre”, se convirtió en un termómetro muy eficaz con el que evaluar el estado crítico por el que atravesaba la infraestructura fotográfica española, pero, también para retratar tímidamente las aspiraciones de muchos aficionados por alcanzar nuevos horizontes fotográfico.